Manu Chao “me llaman calle “

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La Bodega

Gracias a mi compañero, he conocido no hace mucho tiempo una bodega de las auténticas, de las de antes. Está en el barrio, cerca de casa aunque un poco escondida y no tiene cartel. No hay mesas, solo unas pequeñas barras y alguna tinaja para poner las copas.

Lo regenta un señor mayor catalán que parece que dentro de poco se va a jubilar. Su ayudante es china, y se comporta como si fuera  ella quien se lo va a quedar ofreciendo el mismo servicio.

Ya no quedan muchas de estas bodegas en la ciudad, cada vez escasean más, sus propietarios de toda la vida se hacen mayores y la costumbre de tomarse un vermut se diversifica en locales al sol con sillas cómodas y mesas brillantes. La vida cambia y las costumbres también.

Lo más bueno, a parte de los vermuts, cervezas y vinos, son los combinados que te preparan para picar. El que nos pedimos nosotros, que es el combinado para dos; lleva berberechos, navajas, calamar, mejillones, boquerones, aceitunas y anchoas, todo remojado con una salsa roja algo picante y avinagrada, buenísima.

Ultimamente como premio de la llegada del fin de semana, nos acercamos el sábado o el domingo antes de comer y nos damos ese gustillo.

Fumet d’eutonia con pétalos de amapola

Equilibrar mis piernas con tu salsa

Relajar la espalda en la mesa

Untar de aguacates mis pies,

Hundirlos en las uvas,

Rebaslar mis manos con la miel,

Masticar almendras y nueces

Mezclar mis caderas con tu cintura,

La cebolla con el ajo

Oler a tu piel

A fresas silvestres y a cerezas

Tocar tus nalgas, tus manos y tus dedos

El trigo sarraceno

Ver, tus brazos mover, tu cuello elevar, tus ojos mirar,

Saborear tu boca, tus labios,

La frescura de la menta

La amargura del pomelo,

La dulzura de la sabia de arce….

Su textura

Pastel helado de frambuesas con un recuerdo infinito

Retortijones en mi vientre donde se alborotan las espinas

Yemas ensangrentadas empapadas de azúcar

Aire cortado con olor a pescado muerto

Suavidad dulce como las nubes de cereza..

Mario, Hagamos un trato

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Mario Benedetti

Camp de l’arpa

teatre-exercici-2009-051

Vivimos en uno de esos barrios de Barcelona que no todo el mundo conoce. La tranquilidad es su mayor calificativo. Calles estrechas, ambiente de pueblo, poca luz, edificaciones antiguas, escaleras pequeñas y mucha paz. Tenemos un colmado delante con todo tipo de alimentos hasta comidas preparadas pero pica un poco en el precio. El bar de la calle, La Adela, donde van algunos jubilados, bebedores de cubatas y cervezas  juegan a cartas, desayunan copiosamente, se toman copas y ven el barça  de vez en cuando; a veces nos apuntamos. Un par de mecanicos simpaticos , una panaderia al final en la esquina, una pequeña pescaderia y un super condis…una tintorería y una minirelojería que casi nunca está abierta. Un dia de estos compraremos flores para el balcón y pintaremos la barandilla para que luzca  en esta primavera loca.. 

Recuerdos de la escuela

Los motivos del lobo

por Rubén Darío

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
el lobo de Gubbio, el terrible lobo.
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertes y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos o de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: —¡Paz, hermano
lobo! El animal
contempló al varón de tosco sayal,
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: —¡Está bien, hermano Francisco!
¡Cómo! -exclamó el Santo-. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor,
de tanta criatura de Nuestro Señor,
¿no ha de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?

Y el gran lobo, humilde: —¡Es duro el invierno
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no halle qué comer; y busqué el ganado,
y a veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
Y no era por hambre, que iban a cazar.

Francisco responde: —En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gentes en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!
— Está bien, hermano Francisco de Asís.
— Ante el Señor, que todo ata y desata,
en fe de promesa, tiéndeme la pata.

El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.
Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, baja la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó,
y dijo: —He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya nuestro enemigo
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios. –¡Así sea!
,
contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por los montes, descendía al valle,
entraba a las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.
Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.

Otra vez sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto los alrededores;
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio tregua a su furor jamás,
como si tuviera
fuego de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino Santo,
todos le buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de los que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.
En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote -dijo-, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho
.
Como en sorda lucha habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:
— Hermano Francisco, no te acerques mucho.
Yo estaba tranquilo allá, en el convento;
al pueblo salía
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaba la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguí tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así me apalearon y me echaron fuera,
y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente,
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar,
como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad.

El Santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: Padre nuestro, que estás en los cielos

Algunas frases célebres

Antes de que el hombre adquiera conciencia, ya tiene canas. (Proverbio chino).

Cada uno de nosotros está solo y cuando antes un hombre lo comprende, mejor para él. ( kosinski).

No hay que ser fuerte, hay que ser flexible. ( Proverbio chino).

Cuanto menos piensa uno en si mismo, menos desgraciado es. ( Fran J. Martin ).

La libertad es el derecho de hacer lo que no perjudique a los demás. ( Lacordaire).

Hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria. (J.L. Borges).

En la sociedad el hombre sensato es el que cede siempre; por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios y extravagantes. (Jean de la Bruyere).

El acto de un instante puede determinar la pesadumbre de toda una vida. ( Orison S. Marden ).

 Los más obstinados suelen ser los más equivocados, por no haber aprendido a dudar. ( Samuel Butler ).