Gracias a mi compañero, he conocido no hace mucho tiempo una bodega de las auténticas, de las de antes. Está en el barrio, cerca de casa aunque un poco escondida y no tiene cartel. No hay mesas, solo unas pequeñas barras y alguna tinaja para poner las copas.
Lo regenta un señor mayor catalán que parece que dentro de poco se va a jubilar. Su ayudante es china, y se comporta como si fuera ella quien se lo va a quedar ofreciendo el mismo servicio.
Ya no quedan muchas de estas bodegas en la ciudad, cada vez escasean más, sus propietarios de toda la vida se hacen mayores y la costumbre de tomarse un vermut se diversifica en locales al sol con sillas cómodas y mesas brillantes. La vida cambia y las costumbres también.
Lo más bueno, a parte de los vermuts, cervezas y vinos, son los combinados que te preparan para picar. El que nos pedimos nosotros, que es el combinado para dos; lleva berberechos, navajas, calamar, mejillones, boquerones, aceitunas y anchoas, todo remojado con una salsa roja algo picante y avinagrada, buenísima.
Ultimamente como premio de la llegada del fin de semana, nos acercamos el sábado o el domingo antes de comer y nos damos ese gustillo.
